viernes, 27 de mayo de 2011

Hospitales.

Aquello hizo las veces de pausa dramática. Rayaba la medianoche en el hospital, pabellón de cuidados intensivos y operaciones, un lugar apacible donde personajes curiosos se reunían por la noche para velar por los enfermos. Un club extraño, compuesto en su mayor parte por idealistas y anegados, aunque también los había con esperanzas fundadas. La mayoría se conocía a través de expresiones faciales, de miradas, de gestos en el silencio, probablemente la mejor forma si se piensa que todo intento de charla eran guiones preescritos en sus mentes desde el principio de los tiempos: “¿lleva mucho tiempo aquí?”, “no funciona la máquina del café”, “tuvo un accidente de moto, está muy grave”, “vaya por Dios”, “¿cómo va el partido?”, “pues yo tengo una tía en Pamplona…”.

Estaba, por ejemplo, la anciana señora Lucinda, que cabizbaja tejía y que nadie sabía muy bien por qué estaba allí, sentada en su banco del pasillo, sin entrar nunca a habitación alguna, unas gafas de culo de vaso que agrandaban sus ojos en un intento vano de compensar sus cataratas. Pobre señora Lucinda, se decían. Parece ser que su marido, ya viejo el pobre señor, se había empeñado en seguir llevando el tractor hasta que un día, (pues a mí me han dicho que en realidad está loca, la vieja, después de que se le muriera el hijo siguió viniendo aquí cada día a tejerle un jersey al cura para cuando se pusiese bueno), ¿pero por qué susurraba la mujer? Si está sorda como una tapia…

La mayoría de la gente, quizá por aburrimiento, falta de espacio para dormir, revistas que leer o gente con la que charlar un poco, solía concentrarse en la sala de espera. Una colección de ojeras con su propia atmósfera de sonidos de ronquidos, toses y pasar de páginas semejante a una madriguera de marmotas lectoras con catarro. La gente solía hablar bajo a esas horas de la noche y, aunque la mitad de las luces amarillas del techo estaban encendidas, la oscuridad se hacía patente y entristecía los colores de la sala.

No hay comentarios:

Publicar un comentario